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Pioderma gangrenoso: reconocerlo y tratarlo sin causar más daño

30 de julio de 2026 por
Pioderma gangrenoso: reconocerlo y tratarlo sin causar más daño
Pamela Benavides


Como profesionista dedicada al manejo de heridas, me encuentro todos los días con una gran variedad de úlceras. Cada una tiene algo que enseñarme, pero hay un tipo en particular cuyo manejo ha representado uno de los mayores retos de mi práctica profesional: el “pioderma gangrenoso”.


El pioderma gangrenoso es una enfermedad inflamatoria sistémica que se manifiesta en la piel. Es poco frecuente y se presenta como úlceras muy dolorosas y de difícil control. A pesar de su nombre, no es gangrena, no es cáncer y, por lo general, no está causado por una infección; además, no es una enfermedad contagiosa. Pertenece al grupo de las dermatosis neutrofílicas, enfermedades en las que el sistema inmunitario pierde el control y provoca niveles exagerados de estrés oxidativo provocado por una acumulación y activaciòn anormal de neutrófilos en los tejidos, lo que desencadena una intensa respuesta inflamatoria. (British Association of Dermatologists [BAD], 2025; Łyko et al., 2024).


La lesión puede comenzar como un pequeño bulto, pústula o ampolla que se abre y crece con rapidez. Habitualmente forma una úlcera muy dolorosa, con bordes irregulares, socavados y de color rojizo o violáceo, como se muestra en la figura 1-A. Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque es más frecuente en las piernas; también puede desarrollarse alrededor de un estoma o después de una cirugía. En algunos pacientes se relaciona con enfermedad inflamatoria intestinal, artritis, alteraciones hematológicas o ciertos medicamentos, pero en otros no se identifica una enfermedad asociada (BAD, 2025; Maronese et al., 2022).






¿Cómo se diagnóstica?



Cuando un paciente llega a mi consulta con una úlcera de pioderma gangrenoso, uno de los mayores retos es lograr un diagnóstico adecuado. Esto se debe a que no existe una prueba única que confirme la enfermedad. El diagnóstico requiere una valoración dermatológica, la revisión de la evolución de la lesión y la realización de estudios para descartar infección, enfermedad vascular, vasculitis, cáncer y otras causas de ulceración. En algunos casos, puede ser necesaria una biopsia para excluir otros diagnósticos; sin embargo, sus hallazgos no son específicos del pioderma gangrenoso. Por ello, cuando está indicada, debe planificarse cuidadosamente y obtenerse, de preferencia, del borde activo de la lesión. (Chen et al., 2023).


Una característica importante es la patergia, es decir, la aparición o el empeoramiento de la lesión después de un traumatismo, una punción, una cirugía o una manipulación agresiva. Por esta razón, una herida muy dolorosa que aumenta rápidamente después de una intervención debe ser evaluada de manera prioritaria por dermatología (Figura 1-B).


¿Cómo se trata?


 El tratamiento s busca controlar la inflamación, aliviar el dolor y favorecer la cicatrización.   Las lesiones pequeñas pueden responder a corticosteroides tópicos o inhibidores de la   calcineurina, como tacrolimus. Los casos extensos, profundos o de rápida progresión   suelen requerir corticosteroides sistémicos, ciclosporina u otros inmunomoduladores. En   determinadas situaciones se emplean medicamentos biológicos, especialmente cuando   existe una enfermedad inflamatoria asociada o una respuesta insuficiente al tratamiento   inicial. Es importante resaltar que los antibióticos no controlan el pioderma gangrenoso por   sí mismos. Se indican cuando existe una infección bacteriana secundaria confirmada o       clínicamente sospechada, no únicamente porque la herida presente exudado. Todos estos   medicamentos requieren prescripción y vigilancia médica (Dissemond et al., 2023; Keum et al.,   2025; Tan & Tolkachjov, 2024).


La atención debe ser multidisciplinaria e incluir dermatología, medicina interna, enfermería especializada en heridas y, cuando corresponda, gastroenterología, reumatología, hematología y manejo del dolor, cuando sea necesario (Haroon et al., 2024).


Desde mi experiencia en el manejo de heridas, he aprendido que el éxito no depende únicamente de un medicamento, sino de un tratamiento integral y de un cuidado local muy delicado (Figura 1-C). En este tipo de úlceras, cada curación debe realizarse con el mayor cuidado posible, ya que un manejo agresivo puede empeorar la lesión. Además del tratamiento indicado por el médico, estos cuidados locales son fundamentales:



  • Limpiar delicadamente con una solución apropiada,se podria usar anasept, sin tallar ni raspar.

  • Utilizar dermoregulador pBIos para controlar la lesión estimular proceso cicatrizal, y apósitos no adherentes que mantengan un ambiente húmedo terapéutico.

  • Controlar el exudado y proteger la piel alrededor de la herida. Con un absorbente.

  • Retirar adhesivos lentamente, sosteniendo la piel para evitar lesiones.

  • Manejar adecuadamente el dolor, especialmente antes de las curaciones.

  • Vigilar signos de infección; los antibióticos solamente son útiles cuando existe una infección bacteriana confirmada o clínicamente sospechada.

Algo importante de mencionar en el manejo de la lesión es que el desbridamiento quirúrgico agresivo de tejido inflamado viable puede provocar patergia y aumentar el tamaño de la úlcera (Figura 1-B). Respecto al desbridamiento conservador de tejido claramente desvitalizado, la evidencia todavía es limitada; por ello debe individualizarse y realizarse únicamente por profesionales con experiencia, una vez controlada la inflamación y valorados los riesgos. La cirugía reconstructiva o los injertos pueden considerarse en casos seleccionados y bajo inmunosupresión adecuada, pero no constituyen el tratamiento inicial de una enfermedad activa (Taheri et al., 2024).



Cuidados después del cierre


Después de cerrar, la piel nueva puede permanecer delgada, sensible y con una cicatriz de aspecto arrugado o con pequeñas depresiones. Se recomienda protegerla de golpes, fricción, rascado y adhesivos agresivos; mantenerla hidratada conforme a la indicación profesional; continuar el seguimiento dermatológico y controlar las enfermedades asociadas. Los medicamentos no deben suspenderse ni reducirse sin autorización médica.


Debe solicitarse valoración si aparecen dolor nuevo, enrojecimiento progresivo, una pústula, ampolla, secreción o reapertura de la piel. También es importante informar el antecedente de pioderma gangrenoso antes de cualquier cirugía, biopsia o procedimiento invasivo. El diagnóstico oportuno y el manejo multidisciplinario permiten controlar la enfermedad. La recomendación principal es no manipular, cortar ni tratar la lesión por cuenta propia.


A lo largo de mi trayectoria, el pioderma gangrenoso me ha enseñado que no basta con saber curar una herida; primero hay que comprender su biología. Aunque es una enfermedad poco frecuente y difícil de diagnosticar, también es una enfermedad que puede controlarse cuando se reconoce a tiempo, se trabaja de forma multidisciplinaria y se brinda un tratamiento basado en la evidencia y en la experiencia clínica. Entender qué ocurre en la lesión nos permite tratarla con el cuidado que necesita y, sobre todo, evitar causarle más daño.


Texto informativo dirigido a la comunidad general. No sustituye la valoración médica individual.



Elaborado por:





  • Łyko, M., Ryguła, A., Kowalski, M., Karska, J., & Jankowska-Konsur, A. (2024). The pathophysiology and treatment of pyoderma gangrenosum—Current options and new perspectives. International Journal of Molecular Sciences, 25(4), 2440. https://doi.org/10.3390/ijms25042440
  • British Association of Dermatologists. (2025, octubre). Pyoderma gangrenosum: Patient information leafle. https://www.bad.org.uk/pils/pyoderma-gangrenosum
  • Chen, B., Li, W., & Qu, B. (2023). Practical aspects of the diagnosis and management of pyoderma gangrenosum. Frontiers in Medicine, 10, 1134939. https://doi.org/10.3389/fmed.2023.1134939
  • Taheri, A., Mansoori, P., & Sharif, M. (2024). Wound debridement in pyoderma gangrenosum. Advances in Skin & Wound Care, 37(2), 107–111. https://doi.org/10.1097/ASW.0000000000000092
    Dissemond, J., Marzano, A. V., Hampton, P. J., & Ortega-Loayza, A. G. (2023). Pyoderma gangrenosum: Treatment options. Drugs, 83(14), 1255–1267. https://doi.org/10.1007/s40265-023-01931-3
  • Keum, H., Zhivov, E. V., & Ortega-Loayza, A. G. (2025). Updates in innovation of the treatment of pyoderma gangrenosum. Expert Review of Clinical Pharmacology, 18(1–2), 29–39.
  • Haroon, A., Gillespie, J., Roland-McGowan, J., Seervai, R. N. H., Gould, L. J., Dini, V., & Ortega-Loayza, A. G. (2024). Local wound care management for pyoderma gangrenosum. International Wound Journal, 21(11), e70135. https://doi.org/10.1111/iwj.70135