El pioderma gangrenoso es una enfermedad inflamatoria poco frecuente que ocasiona úlceras dolorosas en la piel. A pesar de su nombre, no es gangrena, no es cáncer y generalmente no es causado por una infección; tampoco es contagioso. Pertenece al grupo de las dermatosis neutrofílicas, en las que existe una respuesta descontrolada del sistema inmunitario y una acumulación de neutrófilos en los tejidos (British Association of Dermatologists [BAD], 2025; Łyko et al., 2024).

La lesión puede comenzar como un pequeño bulto, pústula o ampolla que se abre y crece con rapidez. Habitualmente forma una úlcera muy dolorosa, con bordes irregulares, socavados y de color rojizo o violáceo. Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque es más frecuente en las piernas; también puede desarrollarse alrededor de un estoma o después de una cirugía. En algunos pacientes se relaciona con enfermedad inflamatoria intestinal, artritis, alteraciones hematológicas o ciertos medicamentos, pero en otros no se identifica una enfermedad asociada (BAD, 2025; Maronese et al., 2022).
¿Cómo se diagnostica?
No existe una prueba única que confirme el pioderma gangrenoso. El diagnóstico requiere valoración dermatológica, revisión de la evolución de la lesión y estudios para descartar infección, enfermedad vascular, vasculitis, cáncer y otras causas de ulceración. La biopsia puede ser necesaria para excluir otros diagnósticos, aunque sus resultados no son específicos; por ello debe ser cuidadosamente planificada y tomada, preferentemente, del borde activo de la lesión (Chen et al., 2023).
Una característica importante es la patergia, es decir, la aparición o el empeoramiento de la lesión después de un traumatismo, una punción, una cirugía o una manipulación agresiva. Por esta razón, una herida muy dolorosa que aumenta rápidamente después de una intervención debe ser evaluada de manera prioritaria por dermatología.
¿Cómo se trata?

El tratamiento busca controlar la inflamación, aliviar el dolor y favorecer la cicatrización.
Las lesiones pequeñas pueden responder a corticosteroides tópicos o inhibidores de la calcineurina, como tacrolimus. Los casos extensos, profundos o de rápida progresión suelen requerir corticosteroides sistémicos, ciclosporina u otros inmunomoduladores. En determinadas situaciones se emplean medicamentos biológicos, especialmente cuando existe una enfermedad inflamatoria asociada o una respuesta insuficiente al tratamiento inicial (Dissemond et al., 2023; Keum et al., 2025; Tan & Tolkachjov, 2024).
Todos estos medicamentos requieren prescripción y vigilancia médica.
El cuidado local debe ser suave y atraumático:
- Limpiar delicadamente con una solución apropiada,se podria usar anasept, sin tallar ni raspar.
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- Utilizar dermoregulador pBIos para controlar la lesión estimular proceso cicatrizal, y apósitos no adherentes que mantengan un ambiente húmedo terapéutico.
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- Controlar el exudado y proteger la piel alrededor de la herida. Con un absorbente.
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- Retirar adhesivos lentamente, sosteniendo la piel para evitar lesiones.
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- Manejar adecuadamente el dolor, especialmente antes de las curaciones.
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- Vigilar signos de infección; los antibióticos solamente son útiles cuando existe una infección bacteriana confirmada o clínicamente sospechada.
La atención debe ser multidisciplinaria e incluir dermatología, medicina interna, enfermería especializada en heridas y, cuando corresponda, gastroenterología, reumatología, hematología y manejo del dolor, cuando sea necesario (Haroon et al., 2024).
El desbridamiento quirúrgico agresivo de tejido inflamado viable puede provocar patergia y aumentar el tamaño de la úlcera. Respecto al desbridamiento conservador de tejido claramente desvitalizado, la evidencia todavía es limitada; por ello debe individualizarse y realizarse únicamente por profesionales con experiencia, una vez controlada la inflamación y valorados los riesgos. La cirugía reconstructiva o los injertos pueden considerarse en casos seleccionados y bajo inmunosupresión adecuada, pero no constituyen el tratamiento inicial de una enfermedad activa (Taheri et al., 2024).
Los antibióticos no controlan el pioderma gangrenoso por sí mismos. Se indican cuando existe una infección bacteriana secundaria confirmada o clínicamente sospechada, no únicamente porque la herida presente exudado.
Cuidados después del cierre
Después de cerrar, la piel nueva puede permanecer delgada, sensible y con una cicatriz de aspecto arrugado o con pequeñas depresiones. Se recomienda protegerla de golpes, fricción, rascado y adhesivos agresivos; mantenerla hidratada conforme a la indicación profesional; continuar el seguimiento dermatológico y controlar las enfermedades asociadas. Los medicamentos no deben suspenderse ni reducirse sin autorización médica.

Debe solicitarse valoración si aparecen dolor nuevo, enrojecimiento progresivo, una pústula, ampolla, secreción o reapertura de la piel. También es importante informar el antecedente de pioderma gangrenoso antes de cualquier cirugía, biopsia o procedimiento invasivo.
El diagnóstico oportuno y el manejo multidisciplinario permiten controlar la enfermedad. La recomendación principal es no manipular, cortar ni tratar la lesión por cuenta propia.
Texto informativo dirigido a la comunidad general. No sustituye la valoración médica individual.
Elaborado por:


- Łyko, M., Ryguła, A., Kowalski, M., Karska, J., & Jankowska-Konsur, A. (2024). The pathophysiology and treatment of pyoderma gangrenosum—Current options and new perspectives. International Journal of Molecular Sciences, 25(4), 2440. https://doi.org/10.3390/ijms25042440
- British Association of Dermatologists. (2025, octubre). Pyoderma gangrenosum: Patient information leafle. https://www.bad.org.uk/pils/pyoderma-gangrenosum
- Chen, B., Li, W., & Qu, B. (2023). Practical aspects of the diagnosis and management of pyoderma gangrenosum. Frontiers in Medicine, 10, 1134939. https://doi.org/10.3389/fmed.2023.1134939
- Taheri, A., Mansoori, P., & Sharif, M. (2024). Wound debridement in pyoderma gangrenosum. Advances in Skin & Wound Care, 37(2), 107–111. https://doi.org/10.1097/ASW.0000000000000092
Dissemond, J., Marzano, A. V., Hampton, P. J., & Ortega-Loayza, A. G. (2023). Pyoderma gangrenosum: Treatment options. Drugs, 83(14), 1255–1267. https://doi.org/10.1007/s40265-023-01931-3 - Keum, H., Zhivov, E. V., & Ortega-Loayza, A. G. (2025). Updates in innovation of the treatment of pyoderma gangrenosum. Expert Review of Clinical Pharmacology, 18(1–2), 29–39.
- Haroon, A., Gillespie, J., Roland-McGowan, J., Seervai, R. N. H., Gould, L. J., Dini, V., & Ortega-Loayza, A. G. (2024). Local wound care management for pyoderma gangrenosum. International Wound Journal, 21(11), e70135. https://doi.org/10.1111/iwj.70135